Narrar la disidencia

Narrar la disidencia

Diario 16, 24 de mayo de 1990

No es ésta la primera novela española que sale al paso del optimismo generalizado en la sociedad del bienestar que nos rodea. Pepa Roma parte, como ya lo hiciera Mendoza, por ejemplo, en La isla maldita, de una huida del personaje hacia la satisfacción posible después de abandonar la seguridad económica y el reconocimiento social. La complacencia de ver cumplidas las necesidades creadas no parece, según el claro mensaje de la novelista, el medio más seguro para la estabilidad ni la recompensa personal, sino el motivo de la desazón y de la ansiedad.

Uno de los personajes de la novela, «el filósofo», empresario repleto de contradicciones, puede servir de figura emblemática, de reflejo generacional, sobre todo cuando intenta justificar su incoherencia: ¿También tú me críticas? (…) Has de saber —le dice al protagonista— que en otra época me jugué el tipo militando contra Franco, incluso estuve dos meses preso. En el fondo sigo siendo de izquierdas y un poco bohemio. Y si me he metido en todo este tinglado es sólo por un tiempo, el tiempo suficiente para ganar el dinero que me haga un hombre libre.


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