La contestacion global la vanguardia

contestacion global

20 de mayo de 2001.

La protesta planetaria, en proceso de crecimiento y de convergencia.

De Seattle en diciembre de 1999 a Quebec hace unas semanas, pasando por Washington, Praga, Melbourne, Niza, Davos, hemos visto cómo un reguero de protestas contra la globalización económica recorría el planeta siguiendo el itinerario exacto de las cumbres de jefes de Estado y de los organismos económicos internacionales. Su próxima cita iba a ser en Barcelona, con motivo de la reunión del Banco Mundial del 23 al 25 de junio.

La amalgama aparentemente heterogénea de los manifestantes, de íos que apenas nos llegan por televisión imágenes de las acciones violentas de una minoría o los aspectos más pintorescos de los que van en la marcha principal -sean las plumas de los indígenas del Amazonas o la salchicha que lleva en la mano el sindicalista francés José Bové-, hace que la mayoría aún se pregunte qué une a gentes tan diversas y qué se proponen. El que unos la emprendan a pedradas contra los establecimientos McDonald’s y los escudos de la policía, mientras otros hacen un alegato de la no violencia con su marcha pacífica y pacifista, no hace más que aumentar la confusión.

El mismo término “antiglobalización” que se acuñó en la revuelta contra la Organización Mundial de Comercio en Seattle empieza a ser cuestionado por el movimiento de protesta, que prefiere sustituido por el de “antineoliberalismo”, para expresar que aquello a lo que específicamente se oponen no es a la globalización, sino a la forma en que ésta es gestionada en beneficio de las grandes concentraciones de capital.


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